El fin justifica los “atravesados y malolientes” medios.

BgTiuL2CQAEnUewEl 12 de febrero, luego de la convocatoria a una marcha que se pintó como “pacífica”, con una voz casi acabada y llena de ira, Leopoldo López responde a una periodista que todo esto se va a acabar “cuando logremos sacar a quienes nos están gobernando”.

Pocos minutos después, la demencia se apoderó de los que hasta ayer los medios llamaban “estudiantes” y con el impulso de la tirria que los domina, decidieron desmantelar agresivamente la fachada del Ministerio Público, además de quemar unidades designadas para darle la seguridad a la ciudadanía, de la que tanto claman como deficiente.

Esa primera aparición de acciones fascistas, no solo fue la causante de los destrozos materiales; en paralelo, cobraron la vida de participantes directos e indirectos, que no tenían planeado agonizar y morir ese día.

Pero nada detuvo a esta rebelión carente de ideales y proyectos. El capricho y la aspiración del poder de unos pudientes timadores, cautivó a unos rebeldes indolentes que mantenían la postura de derrocar al gobierno pese a las adversidades que acarrearan estos hechos, pese a la pérdida de vidas, pese al quebranto de las leyes, todo, bajo un mecanismo que a simple vista, pareciera una maniobra de alguien que desde lejos, planificaba una lucha de clases y pensamientos.

Bajo la consigna de “El que se cansa pierde”, transforman la fatiga en odio y la debilidad en abominación, porque aventurarse a condicionar que alguien tiene que ganar, solo se puede traducir en que para algunos, la Patria es un entretenimiento.

Estos grupos “neonazis”, que intentan reproducir una estética retro, con actitudes similares a los insurrectos revolucionarios que lucharon contra la opresión de la derecha extrema, no son más que un simple movimiento organizado de violencia juvenil callejera. Hoy, después de años intentando enmascarar su desprecio hacia los sectores populares con discursos de inclusión y ternura, establecen abiertamente sus posturas políticas de extrema derecha, sin ideas y con actitudes racistas, xenofóbicas, intolerantes, autoritarias; y al desprecio por el diferente, el marginado, el que no piensa del mismo modo. “Los cubanos son unos negros de mier…” se detiene a tiempo la señora que manifiesta, quizás porque es mucha osadía revelar su desprecio frente a los ojos de una humanidad, que durante años, ha luchado por combatir definitivamente las conductas que rechacen al prójimo.

Mientras tanto, persisten los actos paranoicos en la calle, y ahora, el ecocidio participa en las jornadas de violencia de parte de esos grupos, que hace algunos meses, se arropaban con la bandera de Greenpeace. Solo en Maracaibo, han talado más de 500 árboles para hacer barricadas, sin pensar en el efecto que trae exterminar la vegetación en una ardiente ciudad enfrentada históricamente con el clima.

Pasa el tiempo, y hay una carente apetencia por la paz y el diálogo. La oposición, que hasta hace poco era una Mesa de Unidad, hoy se ha reducido a una tabla de disparidades y migajas que nadie quiere limpiar. Los grupos más radicales de la ultra derecha, mantienen su desinterés en colaborar en el debate que el propio presidente ha propuesto. Condiciones desafiantes son la excusa para mantener la apatía y darle continuidad a los eventos que sobresalientemente han planificado y encubierto como espontánea. Solo una minúscula rama de una supuesta izquierda opositora, ha demostrado cierta disposición en el diálogo, pero apartados de una realidad y refugiados en una falsa identidad, intentan convencer que están del lado de la paz.

Más apresurados que lo acostumbrado, una extensa comunidad de artistas salió a respaldar una insostenible locura a la que internacionalmente presentan como una “lucha por la libertad”. Súbitamente, SOS, el llamado de auxilio más utilizado internacionalmente, desplazó a todas las consignas que periódicamente desempolvaban, y se convirtió en un espectáculo de misericordia y lástima ajena, útil, para justificar cualquier intervención, sin evidenciar la tan sobresaliente confabulación. Es en definitiva, un proyecto con un propósito tan claro, que solo un opositor cegado por la escasez de papel higiénico, se niega a ver.

Mientras tanto, se dice que la mayoría rechaza la violencia, incluso, dentro de las filas de la oposición. Esta aseveración causa cierto escepticismo después de 15 años de arremetidas contra nuestra colectividad. Si para algunos es tan irrefutable la irritante afirmación de que Chávez sembró el odio en Venezuela, pues entonces sus fértiles entrañas, han fecundado el aborrecimiento más colosal que nadie puede imaginar.

Imaginar que los opositores se conviertan al Plan de la Patria Bolivariana, no es posible en ningún escenario tangible. Soberbia, vanidad y orgullo, están empecinados en la mente de algunos, en otros, la mayoría, la negación de no aceptar la realidad. Todos aferrados a una falsa idea de que existe violación de los Derechos Humanos y agresión por parte de los cuerpos del orden y los tan repetidos colectivos. Mientras tanto, persisten en reiterar las falacias, supuestos testimonios y advertencias de esos Líderes de Twitter, que, siguen perturbando la tranquilidad de los que sin mucho esfuerzo se sobresaltan y luego, se tildan de “infiltrados” y se camuflan bajo ese engaño.

No es la primera vez que esta reacción imprudente y temeraria sucede. El pasado todavía fresco, nos evoca a una coyuntura semejante, en los mismos escenarios, con las mismas cabecillas, pero con protagonistas totalmente desentendidos del ayer pero aparentando ser debutantes. Esta periódica barbaridad colectiva, que se reitera como tratándose de un ciclo demente, nuevamente terminará en el acostumbrado fracaso.

Mientras los municipios gobernados por los antichavistas, sigan teniendo como política, malograr los recursos y excusar protestas violentas, no existirá un   entendimiento y mucho menos una comunión con estos sectores, que, afirman ser el progreso, pero auspician fétidas montañas de desperdicios y cauchos ardiendo.

Es bochornoso, que con todo lo asfixiante y ruin que fue la cuarta república, hoy, la vieja política, es quien sabe conducirse por las vías de la gobernabilidad y ser una oposición medianamente disciplinada. El liderazgo neonazi, es la única alternativa desligada del pasado sobre una falsa unidad casi liquidada, y mientras continúe esto, seguiremos siendo gobierno.

Entretanto sigan carbonizado nuestras unidades de transporte urbano, acosando a compatriotas chavistas y amenazándolos de muerte, hostigando y promoviendo la persecución de revolucionarios en sectores de clase media, serán eternamente titulados fascistas. Acorralar, fatigar y molestar es su lema, el nuestro, la paz.

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