La Patria bien podadita.

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Todos venimos de una mezcla genética que desarrollaron nuestros padres. Su belleza o su fealdad, son nuestra herencia más grande.

Bernard Shaw, un hombre que a pesar de su Premio Nobel era físicamente poco agraciado para la mayoría de los gustos; en una ocasión, bailando con una corista, ésta le insinuó: “Tengamos un hijo. Imagínate que salga con mi belleza y tu inteligencia.” A lo que Shaw respondió: “Más bien me estoy imaginando que salga con mi belleza y tu inteligencia…”

(De esta famosa historia se han hecho varias adaptaciones, entre las que destacan principalmente la versión de Churchill con una bailarina y la de Einstein con Marilyn Monroe; siendo esta última la menos probable considerando que Monroe tenía un coeficiente de 165 superando los 160 de Albert. En todo caso, igual no hubiera sido tan fácil que en la década de los cincuenta llegarán a coincidir un profesor de Princeton con una actriz de Hollywood.)

Nuestros ancestros al partir de este plano, no solo nos dejan una herencia genética invaluable, sino nos hacen acreedores de un patrimonio material que no se pudieron llevar. Una colección de discos, un recetario de cocina o a mayor escala, el terrenito de la abuela en Ocumare, la casita de mamá en Trujillo, el carrito con poco uso de la madrina, por mencionar algunos de los legados tangibles que nos dan cierta garantía de estabilidad. Todo esto es prodigioso hasta que nos damos cuenta que faltan por pagar 8 giros del carro de la madrina, mantener limpio y podado el terreno de Ocumare y acomodar las filtraciones en la casa de Trujillo. Llega un momento en el que cuestionamos si en verdad vale la pena tener todo eso.

Es como preguntarse si vale la pena todo lo que nos dejó Chávez sabiendo que La Revolución trae consigo unas enfermedades congénitas que nacieron incluso antes de ella y ahora ya son nuestras. Nadie leyó esas letras pequeñas. Estábamos orgullosos de haber heredado La Patria. “¡Hoy tenemos Patria!”, felices le gritábamos al mundo, pero ¿qué cosas en contra nos trae esa Patria? Pues, muy fácil; “Los enemigos de la Patria.”

El odio, la envidia y el desprecio que le tuvieron al comandante en vida, ahora nos pertenece a todos. No es tan fácil decir “Yo Soy Chávez” sin ser ahora los encargados de todas las tareas necesarias para mantener esa Patria impecable, limpia, podadita, sin filtraciones (ni infiltraciones). Estar atentos las 24 horas de una derecha internacional que intentará atentar sobre nuestra integridad física, manipular nuestro pueblo, menospreciar nuestro trabajo, atacar día y noche nuestra democracia.
No caer en provocaciones, no dejarnos llevar por la mentira. Estar firmes respondiendo bajo una misma idea homogénea cualquier ataque mediático que desde ya, se intensificará. Por eso siempre y ante todo ¡Unidad!, ¡Unidad!, ¡Unidad!

No es un trabajo fácil considerando que tenemos poca experiencia en esto. Estamos conscientes que eso lo hacía Hugo mientras nosotros lo veíamos. Entonces, ¿Valdrá la pena hacer todo ese esfuerzo solo para mantener la libertad e independencia, una constitución maravillosa y completa, un proceso electoral transparente, un pueblo despierto, una democracia fortalecida y una sociedad de iguales?

¿Será necesario tanto trabajo solo por unas mujeres que ahora participan activamente en la política?

¿Es acaso necesario dar la vida si así fuera el caso solo para defender el incremento del gasto social, un territorio libre de analfabetismo, la estrella que le faltaba a nuestra bandera, un caballo que ya no tiene tortícolis, una República pero realmente Bolivariana, la disminución de la pobreza del 80% al 25%, una Clase Media en Positivo, una solución habitacional digna, una salud pública correcta, una banca pública confiable, el ingreso a MERCOSUR, ser el país menos desigual de América Latina, la liberación del FMI, el cardiólogo infantil, un satélite que moderniza día a día nuestra tecnología y unos niños involucrados en esta, un nuevo sistema de cedulación, el aumento del número de pensionados del Seguro Social, una línea aérea recuperada, la autopista Antonio José de Sucre, una red de abastos y supermercados a precios solidarios, el aumento del salario mínimo para situarse en el más alto de América, la autopista José Antonio Páez de Portuguesa a Barinas, una política ecológica que cuide nuestros bosques, selvas y mares, un ejercito uniforme y abastecido, el desarrollo ganadero, el aumento de la pensión a los viejitos, la recuperación de la industria petrolera, la recuperación de la OPEP, el tren de La Rinconada a Cúa, la unificación de Latinoamérica como potencia mundial, un Metro en Valencia, Maracaibo y Los Teques, la línea 4 del Metro de Caracas, un Cabletrén, un Metrocable, un Trolebús en Mérida, las Centrales hidroeléctricas, la universidad del Deporte, las 73.000 nuevas escuelas, las
90.000 bibliotecas o unos 2.000 atletas que nos emocionan con sus medallas y copas?

Es mucho el trabajo que nos toca hacer. Está en nosotros ponerle tratamiento a esos problemas congénitos que solo un hombre como Hugo pudo manejar en vida terrenal y ahora nos toca a todos juntos. Ya que ahora somos Chávez, trabajemos unidos para mantener la Patria pulcra, sin goteras, sin giros que pagar, limpia, cuidadita, sin el monte crecido…

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